"(…) El Estrecho se pretende vender como un espacio de ocio y de experiencia, un parque temático de la multiculturalidad – sin ningún aspecto de los conflictos que supone la frontera como es en realidad actualmente. La transformación, “lavado de cara” del centro histórico de Tarifa, para convertirlo en un “pueblo blanco” llevado a cabo durante los últimos años, en el que cada vez encajan menos los propios tarifeños ejemplifica la tesis. En este marco, se presenta un conflicto evidente entre ciudadanos en-tránsito y ciudadanos permanentes, en el que los segundos se ven perjudicados. Un ejemplo es el caso del conflicto en torno a la construcción de la A-48, una infraestructura para los flujos que determinará un modelo de turístico tipo langosta y un uso difuso del territorio se propuso como ejemplo del argumento (…)"

— J. Mohedano

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