"(…) La interacción entre habitantes sedentarios y habitantes “en tránsito”, incluso con otros agentes externos, es una de las características más significativas de este espacio. Dos serían los flujos más significativos que atraviesan o tienen como destino a la región. Por un lado el de las migraciones, entre la recomposición global de trabajo y la autonomía; por otro, el del turismo, nacional o extranjero, de estancias breves o de residencia; de lujo, popular o deportivo. Estos flujos humanos dan lugar a un espacio multicultural y heterogéneo y en el que los estilos de vida se multiplican comparable al de las metrópolis globales. En relación con esta cuestión de la movilidad de las personas, cabría ver cómo las experiencias de movilidad “empobrecedoras” (las ligadas al turismo-mercancía, la especulación inmobiliaria...) podrían contaminarse de las experiencias de movilidad transformadora, emancipadora y constructora de mundos (migraciones, “turismo revolucionario” y turismo creativo). Un tercer flujo sería el relacionado con el de las redes de distribución y producción globales (incluso ilegales). En los tres casos, con diferentes aspectos e intensidades la condición fronteriza entre la Unión Europea y África (los controles selectivos, y la intensificación de gradientes que introduce entre espacios físicamente próximos) condiciona significativamente la modulación de estos flujos. Finalmente, habría que mencionar los flujos mediáticos-electrónicos que conectan las dos orillas y éstas con el resto del mundo, haciéndolos de forma radicalmente diferente a la de la situación de hace menos de una década: telefonía móvil, televisión satelital e Internet (…)"

— J. Pérez de Lama

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