"La construcción de Bagdad, iniciada en 762 por el segundo califa abásida, Al-Mansur, fue una auténtica declaración visual de la ascendencia del Califato, coincidiendo con el desplome de Occidente. El proyecto de la nueva capital bordeaba la perfección: Desde el centro de su planta circular, de diámetro 2500 metros, el palacio y la mezquita cumplían la misión simbólica de irradiar el poder político y religioso del califa hacia los cuatro confines de sus dominios. La nueva capital recibió el nombre de Madinat al Salam, la ciudad de la paz, como homenaje a la variedad de razas, tribus y castas que poblaban su imperio, repartida en numerosas representaciones que fueron distribuidas para poblar los modélicos barrios de su corona perimetral. Una organización que aún hoy sorprende por la racionalidad y sencillez puestas al servicio del deseo paternalista de Al-Mansur por ejercer un control panóptico sobre su pueblo".