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Autopía

El lugar del automóvil, utopía de la movilidad, el término Autopía se encuentra irremisiblemente unido a la ciudad de Los Ángeles. Su origen nos conduce al inefable Walt Disney, quien en su paternalismo visionario dio nombre así a una de las más populares atracciones de Disneyland desde su inauguración el 17 de Julio de 1955. Patrocinada por la petrolera Richfield Oil, la Autopía original plasmaba los modernos ideales del conductivismo social de su creador: Coches en miniatura sobre raíles, circulando ordenada y cívicamente por un mundo pequeño y controlado, en una coreografía similar a la orquestada en las corrosivas y deliciosas escenas iniciales de Mi Tío de Jacques Tati (1958).

Autopía

Pero la imagen de Tati era una manifestación más de la quiebra generalizada de la confianza en la modernidad, en su rigidez matemática e implacable. Una crisis que en los años 50 llevará a la crítica de los primeros CIAM: Con los estudios de Alison y Peter Smithson en Berlín, Kahn en Philadelphia, y Candilis en Toulouse-le-Mirail, el coherente y monolítico mundo feliz de Disney y Le Corbusier comenzó a disgregarse, triturado bajo las ruedas de un automóvil al que el estado del bienestar había convertido de inmediato en irrenunciable conquista social.

AutopiaCon tal antecedente, Reyner Banham redefinió el término en 1971 en su Los Angeles. The Architecture of Four Ecologies. Autopía aparece como cuarta ecología de la mística de la megalópolis americana, descrita a través de la bella metáfora de la chica retocándose al tomar una rampa de salida. Así, Banham marcaba claramente las distancias entre la condición democrática del fluir y el totalitarismo del circular, revelando una nueva promesa liberadora, allá donde el movimiento deja de ocupar el papel secundario que la Carta de Atenas le había reservado, para pasar a erigirse en protagonista absoluto de la metrópolis contemporánea.

Según Banham, la experiencia de la conducción en la autopista traslada al angelino a un estado especial de consciencia: En Los Ángeles de los primeros setenta, no existen reglas para navegar. La intensificación de la concentración para abrirse paso a través de un caudal arrollador, orgánico y caótico se traduce en una percepción igualmente intensificada de la libertad, en lo que para él es la versión ideal de la movilidad democrática: La conjunción eficiente, rápida y pragmática del automóvil privado y la autopista pública.

En el advenimiento de la Autopía se adivina un cambio de roles trascendental. El otrora anodino auto se vuelve topos, lugar habitable, customizándose para ofrecer al angelino, según Banham, las dos horas más calmadas y reconfortantes de su vida diaria: El aire acondicionado lo convierte en espacio doméstico, la radio en lugar de ocio, el teléfono celular lo revela como inusitado espacio de trabajo. Los efectos deslocalizadores de este progresivo pertrechamiento tecnológico son inmediatos, y la ciudad antes compacta, identitaria, salta de escala y se convierte entonces en territorio. Despersonalizándose y desregulándose, ofreciéndose como nuevo paisaje. Aproximándose, figurativa y literalmente, a la selva para la que Herbert Spencer formuló a mediados del XIX la ley del survival of the fittest: Vehículos todoterreno de última generación incorporan al mismo tiempo el equipamiento más primario y el más sofisticado para descifrarla. Refiriéndose no a lo local, sino al globo, brújula y GPS son las únicas guías para una segunda naturaleza surcada por ríos de metal.

Autores

Reyner Banham (1922-88) ha sido uno de los críticos más influyentes en la arquitectura, el diseño y la cultura popular desde mediados de los años 50 hasta la década de los 80. Ingeniero e historiador de formación, mostraba su convencimiento de que la tecnología hacía a la sociedad no sólo más exuberante, sino sobre todo, más abierta y democrática.

Su mezcla de rigor académico y de sensibilidad hacia la espontaneidad del primer pop lo enfrentó a los defensores de la modernidad ortodoxa, pero lo situó en una posición aventajada para comprender las implicaciones culturales del cambio social y político en la posguerra. Su primer libro, Theory and Design in the First Machine Age, se considera una obra clave para la superación del Movimiento Moderno en los años 60. Su Los Angeles. The Architecture of Four Ecologies se considera obra de referencia para la comprensión de la megalópolis californiana en la contemporaneidad. Una obra que, según el propio autor, sólo pudo ser escrita tras aprender a conducir, para así poder leer fielmente el original.

Bibliografía

  • BANHAM, Reyner. Los Angeles. The Architecture of Four Ecologies. Berkeley, Los Angeles, Londres: University of California Press, 2001 (1971)

Enlaces

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